volver
Cesta
subir
bajar
bola
barra
blanco
blanco
imagen
blanco
A mediados del siglo XV, el joven heredero del señorío de la villa da muestras de una maldad satánica. Rodeado de hombres degradados y mujeres libertinas, dilapida su fortuna en aplacar sus pasiones.

En el lugar que hoy conocemos como Charco de las Brujas se encontraba el castillo de los Señores de la villa. Era un buen refugio, puesto que estaba rodeado de fosos y contaba con torres muy fuertes. El joven señor, una vez dilapidada su fortuna, recurre a la trampa y al engaño, mostrándose ante la crédula población como un poderoso nigromante. Para ello, disfraza a su séquito de duendes y brujas que ejecutan extrañas danzas y fabulosos fuegos. El temor que inspira a los incautos pueblerinos le permite realizar raptos de las doncellas o casadas que le apetecen, llevándolas al temible castillo.

Un día rapta a una joven, novia de un estudiante. El padre de la doncella se encamina hacia el castillo con sus criados y amigos. Allí es derrotado por el Conde y su séquito infernal, que logran asustar y hacer huir a la pequeña hueste. Enterado de todo, el joven estudiante regresa a la villa y, disfrazado de trovador, se acerca al castillo y logra introducirse en él. El conde, a quien sus composiciones han agradado, le invita a quedarse. Su dulce novia casi no puede disimular la alegría. Un día, el héroe descubre un pasadizo que conduce al paraje cercano de Las Pocillas y, gracias a él, pide ayuda a su padre y al padre de su novia. Estos se presentan por sorpresa en el castillo a través del pasaje escondido. El estudiante y el conde luchan. Este último muere y el pueblo incendia el castillo y lleva a la cárcel de la villa al séquito del conde.

¿Leyenda? Quizá… pero si paseas por esos lugares, aún puedes contemplar restos del pasadizo y comprobar que el terreno no ha logrado recuperarse del pavoroso incendió que asoló todo. Además, en la entrada a la villa por ese sector se contemplaba La cruz de las viñas, recordando continuamente que lo verdadero es la religión y que hay que olvidarse de magias y supercherías que sólo llevan a engaño.
blanco
blanco
blanco
blanco
blanco
imagen
blanco
A comienzos del siglo XIX, cuando los franceses andaban por España, se acerca a la villa por la carretera de Medina una cuadrilla de invasores. Encuentran la humilde y antigua ermita de San Lázaro y quieren entrar en ella con caballos, pero los animales retroceden. Los espolean, pero los caballos se niegan a entrar. El jefe clava espuelas y sólo consigue que el animal se enfurezca y brinque hasta casi derribarle. Intrigado, el francés descabalga, penetra en el edificio, encuentra tumbado un cadáver tapado con unas telas y piensa: "La muerte es la que hace que los caballos no quieran entrar". Al acercarse, observa que el cadáver es una bella talla de madera policromada. Algo debió ver en el rostro de aquella imagen, puesto que, emocionado, se arrodilla y promete enviar una rica tela para la confección de una colcha.

Terminada la guerra de la Independencia, fue enviada a la villa una buena tela de seda: un brocado morado bordado en fino oro. Es la famosa Colcha de los Franceses.

La imagen de la que habla el relato es la del Santo Cristo de la Cama, quizá el más querido de entre los Cristos de la ciudad. Desfila el Viernes Santo en la Procesión del Santo Entierro, que, desde tiempo inmemorial, organiza la cofradía de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo. Peñaranda lo conoce como su Cristo de la Cama. El libro maestro que se conserva de esta cofradía comienza en el año 1758, aunque parece que se ha perdido uno anterior. Entre el rico ajuar con que cuenta el Santo Cristo, y de entre las variadas y antiguas colchas de seda, oro o plata y fino encaje, destaca la que se conoce como Colcha de los Franceses.
blanco
blanco
blanco
blanco
blanco
imagen
blanco
"Cierto menestral, padre de seis chiquillas, cometió la torpeza de matar para robar y la justicia castigó al delincuente con la muerte a garrote vil y el pueblo enteró castigó a su familia con el desprecio y la proscripción. Las hijas del ahorcado fueron echadas de las casas donde servían, solamente porque defendieron su honra personal venida a menos por ser hijas de un delincuente. Muertas de hambre, vejadas…hicieron de su honra lanza de don Quijote".

Éstas son las palabras de Eugenio Noel refiriéndose a su novela, publicada en 1927, Las Siete Cucas (Una mancebía en Castilla). Cuando la novela es publicada han transcurrido más de 25 años desde los sucesos.

La leyenda dice que ajusticiado Ricardo, de oficio picapedrero, su mujer, la Cuca, y sus seis hijas deciden establecer una mancebía como única salida para su supervivencia por el desprecio y abandono al que las someten sus convecinos. Supervivencia… y venganza hacia las gentes que no les ofrecen ayuda ni comprensión.
blanco
blanco
blanco