fondo
volver
tema Didactico
fondo
fondo
titular
bola
bola
multimedia
multimedia
La plaza pública es un espacio que se forma a través del tiempo, de forma orgánica, natural, sin artificio, con un alto grado de espontaneidad y sin autor. Es el resultado de la historia global, subordinado a la topografía y al carácter popular. Lo más probable es que naciera como lugar de organización de armas, ejecuciones públicas, mercado, lidia y rejoneo, escenario de procesiones religiosas y gremiales, comedias, autos sacramentales…

Las plazas porticadas se remontan a la Edad Media, cuando en las afueras de la ciudad, delante de la puerta de la muralla, se reunían los comerciantes en espacios abiertos a vender su mercancía. Según va creciendo este sistema de comercio, se va creando la plaza según la conocemos. En torno a ella se asientan los comerciantes que, poco a poco, van estableciendo sus viviendas. La construcción de sus casas se hace de la forma más útil y eficaz posible; nada es gratuito, sino que responde a una función que, al desaparecer, hará que el edificio lo haga también. El espacio con el que contaban para construir era estrecho, de ahí que necesitaran dos plantas, la baja para utilizarla como negocio y la de arriba como vivienda.

Los soportales de la plaza y las calles inmediatas dedicadas al comercio están vinculados directamente a una forma específica de mercado. Éste irrumpe en el siglo XV como elemento arquitectónico con un determinado uso y significación urbana: proteger a las gentes de las inclemencias del tiempo y del tráfico rodado.

El siglo XVI es el despegue decisivo de la ordenada plaza mayor renacentista. Es una plaza regular, estructurada, rodeada de calles organizadas de forma simétrica o perpendicular a ella, que crece de acuerdo al humanismo como vuelta a lo clásico. En torno a la plaza se establecen las calles especializadas en distintos tipos de mercancías: platerías, especiería, alfareros, bodegones. Formaba parte de la utópica ciudad ideal que las ordenanzas de Carlos I y Felipe II recogían en teoría y práctica para trasladar este modelo a América.

La mentalidad barroca invade el siglo XVII. El arte que mejor puede definir esta época es el teatro. La ciudad entera es un escenario urbano donde la plaza juega un papel fundamental. Se pierde la estricta regularidad renacentista para adaptarse a las formas de los edificios, adoptando formas ovaladas, entrantes y salientes, lo que aporta movimiento y dinamismo al espacio. Como parte de este escenario, las calles siempre desembocan en una plaza, donde la decoración con fuentes, esculturas e, incluso, los propios edificios aparecerán siempre dotadas de movimiento.

En el siglo XVIII, época de la Ilustración, regresa lo clásico y se desprecia el estilo anterior <>. Es el momento de los ensanches de las ciudades, con calles ordenadas y regulares. La plaza mayor adquiere una imagen grave y elegante, totalmente cerrada, con apariencia de salón urbano un tanto elitista, donde se prohíben oficios enojosos y el paso de vehículos. Los arcos jugarán un papel fundamental en las plazas de las ciudades decimonónicas. En sus alrededores se crearán paseos y jardines. La presencia del quiosco de música en el centro renueva la utilización de este espacio ya que lo dedica al ocio. Pero disminuye el comercio habitual, al tiempo que aparecen nuevos establecimientos (cafés y similares), en los que destacan el comercio de lujo, lo que contribuye a mantener la costumbre de encontrarse en la plaza.

En el siglo XIX, el sueño de todo arquitecto neoclásico es construir una ciudad con pórticos y columnas, un espacio público en el que domine la racionalidad. En esta época, las plazas más antiguas se transforman en salones con jardines en su centro, quiosco de música y paseos para coches que hagan su recorrido alrededor de los soportales, donde se instalarán restaurantes, cafés y zonas de ocio.

flecha Orígenes
flecha Técnicas y materiales
flecha Arquitectura popular
flecha Decoración y significado